Las actividades mineras y extractivas siguen impulsando la destrucción del medio ambiente y las violaciones de derechos humanos, trasladando los impactos del consumo global de recursos a los países del Sur Global de manera desproporcionada. Al continuar siendo fundamentales para la economía global, estas industrias contribuyen a reforzar la desigualdad sistémica y la impunidad corporativa. El posextractivismo requiere un cambio de rumbo decisivo hacia una gobernanza basada en los bienes comunes, la planificación comunitaria del uso de la tierra y el reconocimiento de los derechos de la naturaleza.